El libro del Eclesiastés (o Qohélet) es quizás el más "moderno" de la Biblia, porque se atreve a hacer las preguntas que muchos jóvenes se hacen hoy: ¿Para qué sirve esforzarse tanto? ¿Qué sentido tiene estudiar, trabajar o acumular cosas si al final todos morimos igual? El autor comienza con una frase famosa y provocadora: "¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad!". En el hebreo original, la palabra "vanidad" (hebel) significa literalmente "neblina" o "vapor"; algo que parece real pero que, cuando intentas atraparlo con las manos, se escapa.
Qohélet no es un pesimista, sino un buscador de la verdad. Él confiesa que intentó encontrar la felicidad en todo: en las fiestas y el placer, en la construcción de grandes edificios, en acumular riquezas y en ser el más sabio de su tiempo. Sin embargo, descubrió que nada de eso saciaba su corazón de forma definitiva. Todo era como "correr tras el viento". El libro nos advierte que si ponemos nuestra esperanza de felicidad en cosas que caducan (como la fama en redes sociales, el dinero o el aspecto físico), viviremos siempre frustrados porque el ser humano tiene sed de algo eterno.
La conclusión del libro es luminosa: la felicidad no está en el éxito futuro, sino en la capacidad de disfrutar los dones sencillos que Dios nos da cada día —comer, beber, trabajar con alegría y amar— reconociendo que la vida es un regalo, no una propiedad. Al final, nos invita a "acordarnos de nuestro Creador en los días de la juventud", antes de que lleguen los años difíciles, porque solo viviendo en relación con Dios la existencia deja de ser una neblina pasajera y adquiere un peso eterno.
Puntos clave según la Biblia
- La fugacidad de la vida: El concepto de "vanidad" nos enseña que las cosas del mundo son pasajeras. Esto no significa que sean malas, sino que no pueden ser el fundamento último de nuestra felicidad.
- El vacío del materialismo: El texto denuncia que ni el dinero ni el placer sin medida logran llenar el vacío interior del hombre; el corazón humano está hecho para algo más grande.
- La alegría de lo cotidiano: Qohélet insiste en que la verdadera sabiduría es saber disfrutar del "hoy" como un don de Dios, valorando las cosas pequeñas de la vida.
- Dios como centro: Solo cuando se introduce a Dios en la ecuación de la vida, el trabajo y el esfuerzo cobran un sentido nuevo. Sin Dios, el mundo parece un ciclo absurdo.
- El juicio final de nuestras obras: El libro concluye recordando que nuestras acciones tienen trascendencia; lo que hacemos importa porque Dios conoce el secreto de cada corazón.
Texto bíblico
Consulta el texto bíblico del Eclesiastés aquí: Conferencia Episcopal Española - Eclesiastés 1
Actividades de Reflexión:
| 1. Comprensión del Texto: ¿Qué significa la expresión "vanidad de vanidades" en el contexto del libro y por qué el autor compara los esfuerzos humanos con "correr tras el viento"? |
| 2. El sentido de la vida: A menudo buscamos la felicidad en cosas externas (likes, ropa, salidas). Según lo aprendido, ¿por qué esas cosas nos dejan insatisfechos después de un tiempo? |
| 3. Valorar la Juventud: El autor pide "acuérdate de tu Creador en tus días mozos". ¿Cómo crees que cambia la vida de un joven que tiene presente a Dios en sus decisiones diarias frente a uno que no lo tiene? |
| 4. El Deseo de Infinitud: San Agustín decía: "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti". ¿Cómo se relaciona esta enseñanza de la Iglesia con la búsqueda del Eclesiastés? |
| 5. Compromiso de Fe: 5. Compromiso de Fe: Identifica una cosa en tu vida que te esté quitando la paz por darle demasiada importancia. ¿Cómo puedes empezar a ver esa situación con la libertad de quien sabe que lo único eterno es el amor de Dios? |